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Upper intermediate

DELE B2 listening practice questions

30 DELE B2 listening questions with the answer to each one, tarea by tarea in the order the DELE paper asks them. They come from the same reviewed bank as the mock exams on this site, and none of them appears on a paper you can sit here, so working through these spends nothing.

Compared with DELE B1, the CEFR band moves from B1 to B2, the paper runs 210 minutes instead of 185, it asks 71 questions and tasks instead of 66. On the paper itself, the tareas go from 16 to 14, the longest writing task rises from 150 words to 180.

DELE · Comprensión auditiva · 30 questions with answers · free to read, no account

Free

Tarea 1

Six brief conversations, each played twice, with one question and options a to c.

Six brief conversations, each heard twice, and questions numbered 1 to 6 with options a, b and c. The instruction allows 30 seconds to read the questions first.

1
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NARRADOR: Va a escuchar a una periodista y a un músico en un programa de radio. MUJER: Patricio, el festival de jazz arranca el viernes. ¿Cómo van las entradas? HOMBRE: Mire, las populares se agotaron en un abrir y cerrar de ojos. Quedan solo las de platea, que valen el doble. MUJER: ¿Y habrá artistas nuevos este año? HOMBRE: Sí, invitamos a seis grupos jóvenes del sur del país.

En la entrevista, Patricio cuenta que…

Aactuarán seis grupos ya conocidos.
Blas entradas más baratas ya se vendieron.answer
Clas de platea cuestan la mitad.
2
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NARRADOR: Va a escuchar a dos compañeros en una oficina. MUJER: Ramiro, ¿entregaste el balance que pidió la gerencia? HOMBRE: Todavía no... estoy con el agua al cuello. Me cargaron tres informes que hay que entregar hoy mismo. MUJER: Uy, qué pesado. ¿Y no le pediste ayuda a alguien del equipo? HOMBRE: Les pedí, pero nadie se anima. Así que al final lo hago solo, como siempre.

¿De qué se queja Ramiro?

ADe que siempre termina trabajando solo.answer
BDe que la gerencia rechazó el balance.
CDe que le encargaron pocos informes.
3
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NARRADOR: Va a escuchar a dos amigas en la calle. ESTHER: Josefina, ¿al final hablaste con el del cuarto piso por las goteras? JOSEFINA: Sí, pero me sale con que no es problema suyo. ¡Me saca de quicio! ESTHER: ¿Y el administrador qué dice? JOSEFINA: Convocó una reunión para el sábado. A ver si arreglan el techo de una vez.

Según la conversación, el administrador…

Amandó reparar de inmediato el techo del edificio.
Bresponsabilizó al vecino del cuarto piso.
Corganizó una junta para el fin de semana.answer
4
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NARRADOR: Va a escuchar a una clienta y a un empleado en una academia de música. MUJER: Buenas, quería saber por los cursos de guitarra para adultos. HOMBRE: Tenemos grupos los martes y jueves en la tarde. El nivel inicial dura cuatro meses. MUJER: ¿Y sale muy caro? HOMBRE: La matrícula es económica, pero el instrumento lo pone usted, y una guitarra buena cuesta un ojo de la cara.

El empleado le explica a la clienta que…

Ael curso inicial dura cuatro semanas.
Bella debe conseguir su propio instrumento.answer
Cla matrícula cuesta bastante dinero.
5
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NARRADOR: Va a escuchar a un padre y a su hija en casa. HOMBRE: Carlota, abrígate bien que allá en la sierra hace un frío que pela. MUJER: Pa, ya llevo dos chompas. ¿A qué hora salimos? HOMBRE: Apenas despeje. Anunciaron heladas para la madrugada y no quiero manejar con neblina. MUJER: Bueno, entonces desayunamos con calma.

Según la audición, el padre no quiere salir todavía porque…

Ateme conducir con poca visibilidad.answer
Banunciaron calor para la madrugada.
Ctodavía no ha desayunado.
6
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NARRADOR: Va a escuchar a una pareja planeando un viaje. MUJER: Ulises, si vamos a Cartagena en octubre, aprovechemos para visitar a tu hermana. HOMBRE: Buena idea, Mercedes, así matamos dos pájaros de un tiro. ¿Reservo el hotel del centro? MUJER: Mejor uno cerca de la playa, aunque cueste un poco más. HOMBRE: Listo, pero salgamos temprano para no manejar de noche.

¿Con qué intención quiere Mercedes aprovechar el viaje a Cartagena?

APara viajar de noche sin apuro.
BPara visitar también a un familiar.answer
CPara reservar el hotel del centro.

Tarea 2

Two friends talk; decide if statements 7 to 12 fit the first, the second, or neither.

A conversation between two friends, heard twice, and six statements numbered 7 to 12. The instruction allows 20 seconds to read the statements first.

7
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ROCÍO: ¡Julián! ¡Qué milagro! ¿Todavía andas por este lado de la ciudad? JULIÁN: Todavía, en el mismo arriendo de siempre. Oye, me contaron que compraste apartamento. ¿No te dio miedo meterte en esa deuda con las tasas por las nubes? ROCÍO: Al principio dudé, pero prefiero mil veces pagar lo mío que seguir regalándole la plata a un casero. Nos pasamos en marzo; antes vivíamos donde mis papás. JULIÁN: Sí, pero mira, yo llevo ocho años de arriendo y, con lo que gano en el taller, duermo tranquilo, sin un banco respirándome en la nuca. ROCÍO: Tranquilo, pero sin nada tuyo. Ocho años... ¡esa plata ya sería la cuota inicial de una casa entera! JULIÁN: Uy, dicho así me hierve la sangre. Es que mi hermana Beatriz, que trabaja en un banco, lleva meses insistiéndome en que pida el crédito antes de que suban más las tasas. ROCÍO: Pues hazle caso, pero óyeme bien: no vayas a firmar con el primero que te sonría. Yo me apuré, firmé sin comparar, y ahora sé que con dos o tres cotizaciones habría conseguido mejor tasa. Esta cuota me tiene ahogada. JULIÁN: ¿En serio? Entonces sí voy a pedir varias simulaciones este año. ¿Y quién te ayudó con el trasteo? ROCÍO: Ahí está el drama. Mi tía Emilia se había ofrecido, pero la pobre lleva cinco meses en lista de espera para que le operen la cadera y apenas camina. JULIÁN: ¡Qué vaina! ¿Y no hay forma de adelantarle la cirugía? ROCÍO: Ojalá. Ella misma me dice que no me estrese, que las cajas esperan. Con mi sueldo de profesora, igual todo va lento. JULIÁN: Bueno, cuando por fin firme mi crédito, me invitas a estrenar el apartamento.

Ha comprado una vivienda hace poco.

ARocíoanswer
BJulián
CNinguno de los dos
8
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ROCÍO: ¡Julián! ¡Qué milagro! ¿Todavía andas por este lado de la ciudad? JULIÁN: Todavía, en el mismo arriendo de siempre. Oye, me contaron que compraste apartamento. ¿No te dio miedo meterte en esa deuda con las tasas por las nubes? ROCÍO: Al principio dudé, pero prefiero mil veces pagar lo mío que seguir regalándole la plata a un casero. Nos pasamos en marzo; antes vivíamos donde mis papás. JULIÁN: Sí, pero mira, yo llevo ocho años de arriendo y, con lo que gano en el taller, duermo tranquilo, sin un banco respirándome en la nuca. ROCÍO: Tranquilo, pero sin nada tuyo. Ocho años... ¡esa plata ya sería la cuota inicial de una casa entera! JULIÁN: Uy, dicho así me hierve la sangre. Es que mi hermana Beatriz, que trabaja en un banco, lleva meses insistiéndome en que pida el crédito antes de que suban más las tasas. ROCÍO: Pues hazle caso, pero óyeme bien: no vayas a firmar con el primero que te sonría. Yo me apuré, firmé sin comparar, y ahora sé que con dos o tres cotizaciones habría conseguido mejor tasa. Esta cuota me tiene ahogada. JULIÁN: ¿En serio? Entonces sí voy a pedir varias simulaciones este año. ¿Y quién te ayudó con el trasteo? ROCÍO: Ahí está el drama. Mi tía Emilia se había ofrecido, pero la pobre lleva cinco meses en lista de espera para que le operen la cadera y apenas camina. JULIÁN: ¡Qué vaina! ¿Y no hay forma de adelantarle la cirugía? ROCÍO: Ojalá. Ella misma me dice que no me estrese, que las cajas esperan. Con mi sueldo de profesora, igual todo va lento. JULIÁN: Bueno, cuando por fin firme mi crédito, me invitas a estrenar el apartamento.

Trabaja en una entidad financiera.

ARocío
BJulián
CNinguno de los dosanswer
9
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ROCÍO: ¡Julián! ¡Qué milagro! ¿Todavía andas por este lado de la ciudad? JULIÁN: Todavía, en el mismo arriendo de siempre. Oye, me contaron que compraste apartamento. ¿No te dio miedo meterte en esa deuda con las tasas por las nubes? ROCÍO: Al principio dudé, pero prefiero mil veces pagar lo mío que seguir regalándole la plata a un casero. Nos pasamos en marzo; antes vivíamos donde mis papás. JULIÁN: Sí, pero mira, yo llevo ocho años de arriendo y, con lo que gano en el taller, duermo tranquilo, sin un banco respirándome en la nuca. ROCÍO: Tranquilo, pero sin nada tuyo. Ocho años... ¡esa plata ya sería la cuota inicial de una casa entera! JULIÁN: Uy, dicho así me hierve la sangre. Es que mi hermana Beatriz, que trabaja en un banco, lleva meses insistiéndome en que pida el crédito antes de que suban más las tasas. ROCÍO: Pues hazle caso, pero óyeme bien: no vayas a firmar con el primero que te sonría. Yo me apuré, firmé sin comparar, y ahora sé que con dos o tres cotizaciones habría conseguido mejor tasa. Esta cuota me tiene ahogada. JULIÁN: ¿En serio? Entonces sí voy a pedir varias simulaciones este año. ¿Y quién te ayudó con el trasteo? ROCÍO: Ahí está el drama. Mi tía Emilia se había ofrecido, pero la pobre lleva cinco meses en lista de espera para que le operen la cadera y apenas camina. JULIÁN: ¡Qué vaina! ¿Y no hay forma de adelantarle la cirugía? ROCÍO: Ojalá. Ella misma me dice que no me estrese, que las cajas esperan. Con mi sueldo de profesora, igual todo va lento. JULIÁN: Bueno, cuando por fin firme mi crédito, me invitas a estrenar el apartamento.

Espera desde hace meses una operación.

ARocío
BJulián
CNinguno de los dosanswer
10
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ROCÍO: ¡Julián! ¡Qué milagro! ¿Todavía andas por este lado de la ciudad? JULIÁN: Todavía, en el mismo arriendo de siempre. Oye, me contaron que compraste apartamento. ¿No te dio miedo meterte en esa deuda con las tasas por las nubes? ROCÍO: Al principio dudé, pero prefiero mil veces pagar lo mío que seguir regalándole la plata a un casero. Nos pasamos en marzo; antes vivíamos donde mis papás. JULIÁN: Sí, pero mira, yo llevo ocho años de arriendo y, con lo que gano en el taller, duermo tranquilo, sin un banco respirándome en la nuca. ROCÍO: Tranquilo, pero sin nada tuyo. Ocho años... ¡esa plata ya sería la cuota inicial de una casa entera! JULIÁN: Uy, dicho así me hierve la sangre. Es que mi hermana Beatriz, que trabaja en un banco, lleva meses insistiéndome en que pida el crédito antes de que suban más las tasas. ROCÍO: Pues hazle caso, pero óyeme bien: no vayas a firmar con el primero que te sonría. Yo me apuré, firmé sin comparar, y ahora sé que con dos o tres cotizaciones habría conseguido mejor tasa. Esta cuota me tiene ahogada. JULIÁN: ¿En serio? Entonces sí voy a pedir varias simulaciones este año. ¿Y quién te ayudó con el trasteo? ROCÍO: Ahí está el drama. Mi tía Emilia se había ofrecido, pero la pobre lleva cinco meses en lista de espera para que le operen la cadera y apenas camina. JULIÁN: ¡Qué vaina! ¿Y no hay forma de adelantarle la cirugía? ROCÍO: Ojalá. Ella misma me dice que no me estrese, que las cajas esperan. Con mi sueldo de profesora, igual todo va lento. JULIÁN: Bueno, cuando por fin firme mi crédito, me invitas a estrenar el apartamento.

Lleva varios años pagando arriendo.

ARocío
BJuliánanswer
CNinguno de los dos
11
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ROCÍO: ¡Julián! ¡Qué milagro! ¿Todavía andas por este lado de la ciudad? JULIÁN: Todavía, en el mismo arriendo de siempre. Oye, me contaron que compraste apartamento. ¿No te dio miedo meterte en esa deuda con las tasas por las nubes? ROCÍO: Al principio dudé, pero prefiero mil veces pagar lo mío que seguir regalándole la plata a un casero. Nos pasamos en marzo; antes vivíamos donde mis papás. JULIÁN: Sí, pero mira, yo llevo ocho años de arriendo y, con lo que gano en el taller, duermo tranquilo, sin un banco respirándome en la nuca. ROCÍO: Tranquilo, pero sin nada tuyo. Ocho años... ¡esa plata ya sería la cuota inicial de una casa entera! JULIÁN: Uy, dicho así me hierve la sangre. Es que mi hermana Beatriz, que trabaja en un banco, lleva meses insistiéndome en que pida el crédito antes de que suban más las tasas. ROCÍO: Pues hazle caso, pero óyeme bien: no vayas a firmar con el primero que te sonría. Yo me apuré, firmé sin comparar, y ahora sé que con dos o tres cotizaciones habría conseguido mejor tasa. Esta cuota me tiene ahogada. JULIÁN: ¿En serio? Entonces sí voy a pedir varias simulaciones este año. ¿Y quién te ayudó con el trasteo? ROCÍO: Ahí está el drama. Mi tía Emilia se había ofrecido, pero la pobre lleva cinco meses en lista de espera para que le operen la cadera y apenas camina. JULIÁN: ¡Qué vaina! ¿Y no hay forma de adelantarle la cirugía? ROCÍO: Ojalá. Ella misma me dice que no me estrese, que las cajas esperan. Con mi sueldo de profesora, igual todo va lento. JULIÁN: Bueno, cuando por fin firme mi crédito, me invitas a estrenar el apartamento.

Quiere pedir un crédito este año.

ARocío
BJuliánanswer
CNinguno de los dos
12
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ROCÍO: ¡Julián! ¡Qué milagro! ¿Todavía andas por este lado de la ciudad? JULIÁN: Todavía, en el mismo arriendo de siempre. Oye, me contaron que compraste apartamento. ¿No te dio miedo meterte en esa deuda con las tasas por las nubes? ROCÍO: Al principio dudé, pero prefiero mil veces pagar lo mío que seguir regalándole la plata a un casero. Nos pasamos en marzo; antes vivíamos donde mis papás. JULIÁN: Sí, pero mira, yo llevo ocho años de arriendo y, con lo que gano en el taller, duermo tranquilo, sin un banco respirándome en la nuca. ROCÍO: Tranquilo, pero sin nada tuyo. Ocho años... ¡esa plata ya sería la cuota inicial de una casa entera! JULIÁN: Uy, dicho así me hierve la sangre. Es que mi hermana Beatriz, que trabaja en un banco, lleva meses insistiéndome en que pida el crédito antes de que suban más las tasas. ROCÍO: Pues hazle caso, pero óyeme bien: no vayas a firmar con el primero que te sonría. Yo me apuré, firmé sin comparar, y ahora sé que con dos o tres cotizaciones habría conseguido mejor tasa. Esta cuota me tiene ahogada. JULIÁN: ¿En serio? Entonces sí voy a pedir varias simulaciones este año. ¿Y quién te ayudó con el trasteo? ROCÍO: Ahí está el drama. Mi tía Emilia se había ofrecido, pero la pobre lleva cinco meses en lista de espera para que le operen la cadera y apenas camina. JULIÁN: ¡Qué vaina! ¿Y no hay forma de adelantarle la cirugía? ROCÍO: Ojalá. Ella misma me dice que no me estrese, que las cajas esperan. Con mi sueldo de profesora, igual todo va lento. JULIÁN: Bueno, cuando por fin firme mi crédito, me invitas a estrenar el apartamento.

Le habría convenido comparar más ofertas.

ARocíoanswer
BJulián
CNinguno de los dos

Tarea 3

Part of an interview, heard twice, with six questions offering a, b or c.

Part of an interview, played twice, and six questions numbered 13 to 18 with answers a, b and c. The instruction allows 30 seconds to read the questions first.

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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

En la entrevista, Emiliano cuenta que a su taller llegan…

Asobre todo arquitectos con mucha experiencia.
Bpersonas de orígenes muy diferentes.answer
Csolamente los albañiles de las obras.
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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

Con respecto a cada proyecto nuevo, el arquitecto insiste en que él…

Aaprovecha un mismo diseño para toda región.
Bprepara los planos desde la capital.
Cproyecta la escuela tras convivir en el lugar.answer
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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

Según la audición, cuando su equipo propuso acortar la jornada, Emiliano…

Aal comienzo desconfió de la idea.answer
Bla apoyó de inmediato sin dudarlo.
Cse negó a hacer cualquier prueba.
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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

Según la entrevista, tras reducir la jornada,…

Ase mantuvieron intactos los salarios.answer
Bse recortó el sueldo del equipo.
Cempezaron a entregar menos escuelas.
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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

¿Qué temía el cliente de la clínica al conocer la nueva jornada?

AUn retraso en la obra.
BUn trabajo mal terminado.answer
CUn costo más alto.
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ENTREVISTADORA: Emiliano Lozano, buenas tardes. Estamos en su taller, una nave enorme en las afueras de Oaxaca: mesas de dibujo por todos lados, maquetas de escuelas de madera, olor a barniz y a café. ¿Quién llega hasta aquí cada mañana? EMILIANO: Buenas tardes. Pues mire, aquí se junta gente muy distinta. Están los arquitectos jóvenes, recién salidos de la universidad, que vienen con una beca de seis meses a aprender a construir con lo que hay: adobe, carrizo, la madera del monte. Pero también llegan los papás de los pueblos donde levantamos las escuelas, los albañiles, hasta los chamacos que van a estudiar ahí. ENTREVISTADORA: Lleva veinte años en esto. ¿Hay algo que se niegue a cambiar, pase lo que pase? EMILIANO: Sí, una cosa: yo no dibujo una escuela sin antes irme a vivir al pueblo. Me planto ahí una semana, platico con la gente, veo por dónde sale el sol, dónde juegan los niños. Muchos colegas diseñan desde la computadora, en la capital, con un plano que sirve igual para Sonora que para Chiapas. A mí eso no me entra en la cabeza. Cada pueblo es un mundo, y la escuela tiene que salir de ese mundo, no caerle encima. ENTREVISTADORA: Y hace poco tomaron una decisión que llamó la atención: acortaron la jornada. EMILIANO: Así es. Desde el año pasado trabajamos seis horas, de ocho a dos, y se acabó. Al principio yo era el más desconfiado, se lo confieso. Pensaba que no íbamos a entregar a tiempo, que los proyectos se iban a atrasar. Pero un muchacho del equipo me convenció: me dijo que cansados dibujábamos peor, que a las seis de la tarde ya nadie pensaba bien. Hicimos la prueba tres meses y ya no volvimos atrás. ENTREVISTADORA: ¿Y las cuentas? Menos horas suena a menos ingresos. EMILIANO: Eso creía yo, que íbamos a perder dinero. Pues no: a nadie le bajamos el sueldo, ni un peso, y al final del año entregamos las mismas escuelas que antes, dos o tres. Lo que cambió fue que la gente ya no se me enferma, ya no se me va a los seis meses buscando algo mejor. ENTREVISTADORA: ¿Y los clientes lo vieron con buenos ojos? EMILIANO: Un cliente sí se asustó al principio. Me preguntó si con media jornada le iba a quedar bien su clínica, si no le íbamos a hacer una chambita a medias. Pues le salió mejor que ninguna, y ahí anda, recomendándonos con todo el mundo. ENTREVISTADORA: ¿Y qué pasa a las dos, cuando paran? EMILIANO: ¡Uy, se vacía esto en un minuto! Pero no se van a la hamaca. Varios se meten a dar clases en la universidad, otros regresan a sus pueblos a echarle una mano a su familia, una compañera está terminando la maestría. Yo me voy a caminar por la obra. Al otro día todos vuelven con la cabeza fresca, y eso se nota en cada muro que levantamos. ENTREVISTADORA: Emiliano, muchas gracias.

En la entrevista, Emiliano dice que, al terminar la jornada, sus colaboradores…

Aaprovechan para estudiar o ayudar a los suyos.answer
Bsiguen trabajando en la obra hasta tarde.
Cse dedican a descansar el resto del día.

Tarea 4

Six people on one shared topic; match each to one of ten statements, six used.

Ten statements labelled A to J and six people speaking on the same topic (19 to 24), each heard twice. The instruction allows 20 seconds to read the statements first.

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MUJER: Mira, cuando entré al curso, me quedaba callada por pena, pensando que se iban a burlar de mi acento. Puras tonterías. En cuanto empecé a soltar la lengua aunque saliera todo chueco, avancé un montón. Nadie te juzga; el que se traba callado nunca progresa. Aviéntate a hablar.

Persona 1

AVer series con subtítulos.
BApuntar las palabras nuevas.
CEscuchar canciones en el idioma.
DElegir temas que apasionen.
ENo compararse con los jóvenes.
FDedicar un rato cada día.
GPracticar sin miedo a equivocarse.answer
HRepasar lo aprendido con frecuencia.
IViajar al país de la lengua.
JBuscar a alguien con quien conversar.
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HOMBRE: Te voy a ser sincero: yo intenté meterle tres horas los domingos y no funcionó, se me olvidaba todo entre semana. Lo que sí sirve es agarrar la rutina de quince minutos en la mañana, mientras te tomas el café. Poquito pero constante. Con el tiempo esa costumbre pesa más que cualquier maratón de estudio.

Persona 2

AVer series con subtítulos.
BApuntar las palabras nuevas.
CEscuchar canciones en el idioma.
DElegir temas que apasionen.
ENo compararse con los jóvenes.
FDedicar un rato cada día.answer
GPracticar sin miedo a equivocarse.
HRepasar lo aprendido con frecuencia.
IViajar al país de la lengua.
JBuscar a alguien con quien conversar.
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MUJER: Los libros están bien, pero a mí lo que me destrabó fue juntarme con una vecina que hablaba la lengua. Nos veíamos los martes a platicar de cualquier cosa, del clima, del mercado, de los hijos. Sin un compañero al frente que te responda, te quedas armando frases en la cabeza y nunca las sueltas.

Persona 3

AVer series con subtítulos.
BApuntar las palabras nuevas.
CEscuchar canciones en el idioma.
DElegir temas que apasionen.
ENo compararse con los jóvenes.
FDedicar un rato cada día.
GPracticar sin miedo a equivocarse.
HRepasar lo aprendido con frecuencia.
IViajar al país de la lengua.
JBuscar a alguien con quien conversar.answer
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HOMBRE: Un truco que me salvó: traigo siempre una libretita en la bolsa del pantalón. Cada vez que me topo con un término que no entiendo, en la tele o en el súper, lo escribo ahí mismo, en el momento. Si lo dejas pasar, para la tarde ya se te fue de la cabeza. Esa listita chiquita vale oro.

Persona 4

AVer series con subtítulos.
BApuntar las palabras nuevas.answer
CEscuchar canciones en el idioma.
DElegir temas que apasionen.
ENo compararse con los jóvenes.
FDedicar un rato cada día.
GPracticar sin miedo a equivocarse.
HRepasar lo aprendido con frecuencia.
IViajar al país de la lengua.
JBuscar a alguien con quien conversar.
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MUJER: No te claves con la edad, en serio. Yo empecé a los cincuenta y al principio veía a los chavos del salón agarrar todo volando y me sentía tonta. Craso error. Uno de grande retiene distinto, con más cabeza, ligándolo a lo que ya sabe. Deja de medirte contra ellos y ve a tu propio paso.

Persona 5

AVer series con subtítulos.
BApuntar las palabras nuevas.
CEscuchar canciones en el idioma.
DElegir temas que apasionen.
ENo compararse con los jóvenes.answer
FDedicar un rato cada día.
GPracticar sin miedo a equivocarse.
HRepasar lo aprendido con frecuencia.
IViajar al país de la lengua.
JBuscar a alguien con quien conversar.
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HOMBRE: A mí me funcionó estudiar con lo que de por sí me late. Como me encanta el futbol, veía las crónicas de los partidos y leía sobre eso. Si el material te aburre como ostra, lo abandonas a la semana. Ve directo a los contenidos que te muevan las tripas, y verás que ni sientes que estás estudiando.

Persona 6

AVer series con subtítulos.
BApuntar las palabras nuevas.
CEscuchar canciones en el idioma.
DElegir temas que apasionen.answer
ENo compararse con los jóvenes.
FDedicar un rato cada día.
GPracticar sin miedo a equivocarse.
HRepasar lo aprendido con frecuencia.
IViajar al país de la lengua.
JBuscar a alguien con quien conversar.

Tarea 5

One person talks about their experience; six questions (25 to 30) with a to c.

One person speaking about their own experience, heard twice, and six questions numbered 25 to 30 with options a, b and c. The instruction allows 30 seconds to read the questions first.

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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

Según la audición, Camila decidió hacerse voluntaria…

Aal enterarse del proyecto por una amiga.answer
Bpara acompañar a Lorena a Guatemala.
Ccuando por fin terminó la carrera de enfermería.
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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

La voluntaria cuenta que a Guatemala viajaron…

Aella y dos compañeros más.answer
Btres muchachos chilenos.
Cella y su amiga Lorena solamente.
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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

¿Qué destruyó el puesto de salud que habían montado?

AEl robo de los medicamentos.
BEl mal tiempo.answer
CUn incendio en la casa.
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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

Al recordar que al principio eran solo tres en un pueblo, Camila quiere destacar…

Alo mucho que ha crecido la organización.answer
Bque ella dirigía toda la fundación.
Clo mal que se trabajaba entonces.
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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

Con lo que dice sobre los que quieren 'salvar' a alguien, Camila da a entender que…

Aella también pensaba salvar al pueblo.
Bla comunidad no necesitaba ninguna ayuda externa.
Cmuchos voluntarios llegan con una actitud equivocada.answer
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Me llamo Camila Restrepo y soy voluntaria, o bueno, lo fui durante un año entero, y la verdad es que todavía me cuesta contarlo sin emocionarme. Todo empezó medio por casualidad, ¿no? Yo estudiaba enfermería en Medellín y una amiga, Lorena, me habló de una fundación chiquita que mandaba gente a un pueblo en la sierra de Guatemala. Al principio le dije que ni se me ocurriera dejar todo botado a mitad de carrera, pero bueno, algo me quedó dando vueltas en la cabeza y a las dos semanas ya estaba llenando los papeles. Nos fuimos tres: Lorena, un muchacho chileno llamado Andrés y yo. Los primeros meses fueron durísimos, se los cuento con toda honestidad. No entendíamos la lengua de la comunidad, la casa donde vivíamos no tenía agua caliente, y yo, que venía de un apartamento cómodo en la ciudad, pasé más de una noche llorando de puro cansancio. Hubo un momento en que estuve a punto de tirar la toalla y devolverme para Colombia, no les voy a mentir. El golpe más duro llegó a mitad de año. Habíamos montado un puestico de salud con muchísimo esfuerzo, y una tormenta se llevó medio techo y los pocos medicamentos que teníamos guardados. Ahí sí me quedé en blanco, no sabía ni por dónde arrancar. Pero la gente del pueblo apareció con palas, con madera, con lo que fuera, y entre todos, en dos semanas, lo levantamos de nuevo. Eso, para mí, lo cambió todo. Hoy la fundación ya no es aquella cosa chiquita que yo conocí. La organización tiene cuarenta y dos empleados de planta, lleva dieciocho años funcionando y está presente en once comunidades de tres países distintos. Trabajan en salud, en educación y en proyectos de agua limpia. Cuando yo llegué éramos apenas tres voluntarios metidos en un solo pueblo, así que imagínense el camino. ¿La clave de todo? Yo creo que no fue la plata ni los planes grandotes, sino sentarse a escuchar a la comunidad antes de llegar con ideas de afuera. Los que se van pensando que van a 'salvar' a alguien están muy equivocados, se los digo de corazón; yo terminé recibiendo mucho más de lo que di. ¿Y ahora qué viene? Bueno, el año entrante pienso volver, pero esta vez para capacitar a los voluntarios nuevos. Y una cosa les dejo: si alguna vez tienen la más mínima duda de si lanzarse a algo así, háganlo. No lo van a lamentar.

Al final, la voluntaria cuenta que el año entrante piensa…

Avolver a estudiar enfermería.
Babrir su propia fundación en otro país.
Cregresar para formar a los nuevos voluntarios.answer

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