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Upper intermediate
DELE B2 reading practice questions
36 DELE B2 reading questions with the answer to each one, tarea by tarea in the order the DELE paper asks them. They come from the same reviewed bank as the mock exams on this site, and none of them appears on a paper you can sit here, so working through these spends nothing.
Compared with DELE B1, the CEFR band moves from B1 to B2, the paper runs 210 minutes instead of 185, it asks 71 questions and tasks instead of 66. On the paper itself, the tareas go from 16 to 14, the longest writing task rises from 150 words to 180.
DELE · Comprensión de lectura · 36 questions with answers · free to read, no account
FreeTarea 1
Read one text and answer six questions (1 to 6), each with answers a to c.
A text to read, then six questions numbered 1 to 6 with three answers each, labelled a, b and c.
El Guadarrín vuelve a ser bañable medio siglo después
Por Elena Guerrero
Cuesta imaginarlo hoy, pero durante décadas el Guadarrín fue poco más que una cloaca a cielo abierto. En 1978, los primeros técnicos que estudiaron su cauce contabilizaron cuarenta y seis puntos de vertido industrial y unos niveles de oxígeno tan bajos que ningún pez sobrevivía a lo largo de treinta kilómetros. Las fábricas de la comarca vertían sus residuos sin apenas control, y la espuma que cubría la superficie era, para los mayores del lugar, una estampa cotidiana.
El primer giro llegó en 1999, cuando entró en funcionamiento la depuradora de la Ribera. La instalación redujo en un setenta por ciento la carga contaminante que alcanzaba el río, aunque las autoridades sanitarias mantuvieron durante años la prohibición de bañarse: el agua ya no olía, pero seguía sin ser apta para el contacto humano.
La recuperación se hizo visible en 2016. Los biólogos que muestrearon el cauce hallaron veintidós especies de peces donde antes no quedaba ninguna, y por primera vez el sesenta por ciento de las muestras se situó por debajo del umbral bacteriológico que fija la normativa europea. Las garzas volvieron a posarse en los remansos y algunos pescadores aficionados se asomaron de nuevo a la orilla.
El paso decisivo se dio este julio. El Ayuntamiento habilitó tres zonas de baño vigiladas y anunció que el ochenta y ocho por ciento de los análisis de la temporada arrojaba una calidad «excelente». El primer fin de semana, más de doce mil personas se acercaron a la orilla. «Hemos devuelto el río a los vecinos», declaró la concejala de Medio Ambiente, Antonia Núñez.
Detrás de esa reapertura hay años de trabajo poco visible. La plataforma Baño Libre, nacida en 2019, reúne a cuatrocientos voluntarios que recogen muestras cada mes y difunden los resultados en internet. «Sin esos cuatrocientos vecinos que analizan el agua, este baño no sería posible; el río se vigila, no se da por limpio», advierte la bióloga Sofía Camacho, que coordina el programa.
El consistorio prevé abrir cinco zonas más antes de 2030 y ha comprometido ocho millones de euros para renovar el saneamiento. Nadie discute el mérito de haber llegado hasta aquí. Conviene recordar, sin embargo, que cada tormenta intensa todavía provoca vertidos de aguas sin depurar, y que aquel ochenta y ocho por ciento de muestras excelentes deja fuera a una de cada ocho. El Guadarrín vuelve a invitar al baño; quizá los aplausos vayan por delante del agua.
1
En el texto se dice que, en 1978, el Guadarrín…
Acarecía de peces en un largo tramo.answer
Bhabía perdido veintidós especies de peces.
Ccontaba con cuarenta y seis zonas de baño aptas.
2
Según el texto, la depuradora de la Ribera…
Arebajó de forma notable la contaminación del río.answer
Beliminó por completo los cuarenta y seis vertidos industriales.
Cpermitió bañarse de forma inmediata.
3
El texto nos informa de que, en 2016,…
Ase habilitaron tres zonas de baño vigiladas.
Breaparecieron varias especies de peces en el cauce.answer
Cel sesenta por ciento de las muestras superaba el límite legal.
4
Según el texto, que el ochenta y ocho por ciento de los análisis fuera excelente significa que…
Auna parte de las muestras no alcanzó ese nivel.answer
Bya se han abierto las cinco zonas previstas para 2030.
Cel agua resulta segura en cualquier circunstancia.
5
En el texto, la bióloga Sofía Camacho sostiene que…
Alas muestras se recogen dos veces al año.
Bla vigilancia vecinal resulta imprescindible para el baño.answer
Cel río ya puede darse por completamente limpio.
6
La autora del texto da a entender que…
Alas tormentas ya no afectan a la calidad del agua.
Bel optimismo se ha adelantado a los hechos.answer
Cel río quedará libre de contaminación para siempre.
Tarea 2
Four people write on the same topic; match ten questions to the four texts.
Four texts, A to D, in which four people talk about the same topic, and ten questions numbered 7 to 16.
7
¿Quién tuvo que irse porque el dueño prefirió rentar por noches?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.answer
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
8
¿Quién recuerda aquella etapa sin rencor ni especial entusiasmo?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.answer
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
9
¿Quién aprecia sobre todo tener vecinos que no cambian cada semana?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.answer
10
¿Quién le encontró el lado gracioso a compartir edificio con turistas?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.answer
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
11
¿Quién sigue sintiendo coraje cuando pasa por aquel lugar?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.answer
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
12
¿Quién cuenta que los visitantes la tomaban por empleada del edificio?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.answer
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
13
¿Quién cambió su rutina para poder recibir sus paquetes?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.answer
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
14
¿Quién asegura que habría dejado los estudios sin hallar vivienda?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.answer
15
¿Quién dice que nunca se sintió en peligro en aquel edificio?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.answer
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
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¿Quién acabó haciendo un largo trayecto diario a clases?
ACarolina
Cuando entré a la maestría en Biología renté mi primer departamento sola, a dos cuadras de la facultad. El edificio tenía ocho puertas; al principio conocía a todos los vecinos. Poco a poco, cada que alguien se iba, el dueño ponía el departamento en una de esas plataformas para turistas. Al año éramos dos inquilinos de siempre y seis puertas con maletas nuevas cada fin de semana. No me quejo demasiado: pagaba lo mismo y el edificio seguía limpio. Eso sí, ya nadie regaba las plantas del patio ni recibía mis paquetes cuando andaba en el laboratorio. Aprendí a organizar mis entregas para los días que trabajaba en casa. Cuando terminé la tesis me cambié más lejos, a un barrio sin tanto turista. Fue una etapa práctica, ni buena ni mala; simplemente la que me tocó como estudiante.
BJorge
Mi primer departamento propio lo conseguí durante la carrera de Ingeniería, gracias a una beca que apenas alcanzaba. Firmé por un año y me sentí libre por primera vez. A los ocho meses el casero me avisó que no renovaría: había hecho cuentas y ganaba el triple rentándolo por noches a turistas. Me dio tres semanas para desocupar, en plena temporada de exámenes. Busqué como loco y todo estaba carísimo, porque medio centro se había convertido en hoteles disfrazados. Terminé regresando a casa de mis papás y viajando dos horas a la universidad. Todavía me hierve la sangre cuando paso por esa calle y veo las cajitas de llaves colgadas en cada portón. Nos corrieron a los que vivíamos ahí de siempre para llenar los edificios de gente que ni sabe cómo se llama la tienda de la esquina.answer
CGuadalupe
Renté mi primer departamento sola mientras estudiaba la licenciatura en Historia, en un edificio viejo lleno de departamentos para turistas. Como yo era la única que vivía ahí todo el año, los visitantes me tomaban por la encargada. Tocaban a mi puerta a medianoche pidiendo toallas, preguntando la clave del internet o cómo llegar al museo. Una pareja hasta me pidió que les cuidara la maleta mientras iban a comer. Al principio me daba risa; junté una colección de historias buenísimas para contarles a mis compañeras. Terminé haciendo un mapita con recomendaciones y lo pegué en el elevador para no repetir indicaciones. Nunca me sentí insegura, la verdad; era como vivir en una fiesta que cambiaba de invitados cada semana. Cuando me gradué me despedí de mi portería improvisada, porque el señor de la limpieza ya me decía 'la anfitriona del cuarto piso'.
DRicardo
Cuando conseguí lugar en el posgrado busqué departamento cerca del instituto y casi me rindo: todo lo rentaban por noches a turistas y a los estudiantes nos veían como estorbo. Estuve semanas en un cuarto prestado, desesperado. Por pura casualidad una compañera me habló de un edificio administrado por una cooperativa de la universidad que prohibía el alquiler por días. Apliqué sin muchas esperanzas y me aceptaron. Qué alivio sentí al firmar: vecinos fijos, juntas para decidir cosas entre todos y un precio que no subía cada mes. Ahí terminé mi investigación tranquilo, sin maletas rodando por la escalera a las tres de la mañana. Todavía pienso en la suerte que tuve; muchos amigos siguen brincando de un lado a otro. Si ese edificio no existiera, seguramente habría dejado el posgrado por no encontrar dónde vivir.
Tarea 3
Put six of eight extracted fragments back into their gaps (17 to 22).
A text with six fragments taken out, leaving gaps numbered 17 to 22, and eight proposed fragments labelled A to H.
Vallecito de las Ánimas: el pueblo donde el tiempo parece detenerse
Por Marisol Quintero, cronista de viajes
Quienes crecimos pasando las vacaciones donde los abuelos guardamos un rincón como Vallecito de las Ánimas, un caserío andino de calles empedradas que hoy vuelve a llenarse de visitantes. Muchos llegan buscando lo mismo que uno buscaba de niño: el olor a leña, el pan recién horneado y las tardes sin celular. [17]. Y es que, más que un destino de moda, este pueblo sigue siendo un lugar para reencontrarse con la propia infancia.
El centro se organiza alrededor de una plaza pequeña, presidida por una iglesia de adobe que sobrevivió a tres terremotos. [18]. Alrededor todavía funcionan las mismas panaderías familiares de hace medio siglo, donde a uno lo atienden como si fuera de la casa. Los fines de semana, las abuelas venden quesos, miel y tejidos hechos por ellas mismas.
Ahora bien, no todo es tan idílico como lo pintan los folletos. [19]. En temporada alta, los pocos carros que caben en la calle principal terminan atascados durante horas, y el ruido ahuyenta la calma que todos vinieron a buscar. A esto se suma que muchas casas antiguas se han convertido en hospedajes improvisados, sin agua caliente ni salidas de emergencia.
Por eso conviene tomar algunas precauciones antes de armar el viaje. [20]. En lo posible, es mejor evitar los feriados largos y llegar entre semana, cuando el pueblo recupera su ritmo pausado. También vale reservar el alojamiento con anticipación y desconfiar de quien ofrece habitaciones en la plaza, casi siempre más caras.
Vale la pena, además, alejarse del casco central y caminar hasta el mirador de Peña Blanca. [21]. Desde arriba se ve todo el valle sembrado de maíz y, con suerte, el vuelo de los cóndores al atardecer. El sendero no está señalizado, así que conviene llevar agua, calzado firme y no aventurarse sin un guía del lugar.
Vallecito no ofrece lujos ni grandes atracciones, y quizá por eso enamora. [22]. Lo suyo es ir sin prisa, conversar con los mayores y dejar que el pueblo cuente sus historias. Al final, uno no vuelve con fotos espectaculares, sino con la sensación de haber recuperado algo perdido.
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APor fortuna, las autoridades ya pavimentaron todas las calles y ampliaron los estacionamientos del centro.
BEl principal problema es un turismo desordenado que ha crecido mucho más rápido que las estrechas calles del pueblo.
CSu campanario torcido se ha convertido en el símbolo del lugar y en la foto obligada de todo recién llegado.
DPor eso no sorprende que cada año regresen las mismas familias, ahora con sus propios hijos de la mano.answer
ELo mejor es visitarlo como quien va a ver a un pariente querido, sin esperar nada a cambio.
FLa subida toma una media hora y exige buenos pulmones, pero recompensa con creces cada paso.
GEl mayor peligro son las crecidas del río, que en época de lluvias dejan el pueblo incomunicado durante varios días.
HLo primero es elegir bien la fecha, porque no es lo mismo llegar en enero que en plena Semana Santa.
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APor fortuna, las autoridades ya pavimentaron todas las calles y ampliaron los estacionamientos del centro.
BEl principal problema es un turismo desordenado que ha crecido mucho más rápido que las estrechas calles del pueblo.
CSu campanario torcido se ha convertido en el símbolo del lugar y en la foto obligada de todo recién llegado.answer
DPor eso no sorprende que cada año regresen las mismas familias, ahora con sus propios hijos de la mano.
ELo mejor es visitarlo como quien va a ver a un pariente querido, sin esperar nada a cambio.
FLa subida toma una media hora y exige buenos pulmones, pero recompensa con creces cada paso.
GEl mayor peligro son las crecidas del río, que en época de lluvias dejan el pueblo incomunicado durante varios días.
HLo primero es elegir bien la fecha, porque no es lo mismo llegar en enero que en plena Semana Santa.
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APor fortuna, las autoridades ya pavimentaron todas las calles y ampliaron los estacionamientos del centro.
BEl principal problema es un turismo desordenado que ha crecido mucho más rápido que las estrechas calles del pueblo.answer
CSu campanario torcido se ha convertido en el símbolo del lugar y en la foto obligada de todo recién llegado.
DPor eso no sorprende que cada año regresen las mismas familias, ahora con sus propios hijos de la mano.
ELo mejor es visitarlo como quien va a ver a un pariente querido, sin esperar nada a cambio.
FLa subida toma una media hora y exige buenos pulmones, pero recompensa con creces cada paso.
GEl mayor peligro son las crecidas del río, que en época de lluvias dejan el pueblo incomunicado durante varios días.
HLo primero es elegir bien la fecha, porque no es lo mismo llegar en enero que en plena Semana Santa.
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APor fortuna, las autoridades ya pavimentaron todas las calles y ampliaron los estacionamientos del centro.
BEl principal problema es un turismo desordenado que ha crecido mucho más rápido que las estrechas calles del pueblo.
CSu campanario torcido se ha convertido en el símbolo del lugar y en la foto obligada de todo recién llegado.
DPor eso no sorprende que cada año regresen las mismas familias, ahora con sus propios hijos de la mano.
ELo mejor es visitarlo como quien va a ver a un pariente querido, sin esperar nada a cambio.
FLa subida toma una media hora y exige buenos pulmones, pero recompensa con creces cada paso.
GEl mayor peligro son las crecidas del río, que en época de lluvias dejan el pueblo incomunicado durante varios días.
HLo primero es elegir bien la fecha, porque no es lo mismo llegar en enero que en plena Semana Santa.answer
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APor fortuna, las autoridades ya pavimentaron todas las calles y ampliaron los estacionamientos del centro.
BEl principal problema es un turismo desordenado que ha crecido mucho más rápido que las estrechas calles del pueblo.
CSu campanario torcido se ha convertido en el símbolo del lugar y en la foto obligada de todo recién llegado.
DPor eso no sorprende que cada año regresen las mismas familias, ahora con sus propios hijos de la mano.
ELo mejor es visitarlo como quien va a ver a un pariente querido, sin esperar nada a cambio.
FLa subida toma una media hora y exige buenos pulmones, pero recompensa con creces cada paso.answer
GEl mayor peligro son las crecidas del río, que en época de lluvias dejan el pueblo incomunicado durante varios días.
HLo primero es elegir bien la fecha, porque no es lo mismo llegar en enero que en plena Semana Santa.
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APor fortuna, las autoridades ya pavimentaron todas las calles y ampliaron los estacionamientos del centro.
BEl principal problema es un turismo desordenado que ha crecido mucho más rápido que las estrechas calles del pueblo.
CSu campanario torcido se ha convertido en el símbolo del lugar y en la foto obligada de todo recién llegado.
DPor eso no sorprende que cada año regresen las mismas familias, ahora con sus propios hijos de la mano.
ELo mejor es visitarlo como quien va a ver a un pariente querido, sin esperar nada a cambio.answer
FLa subida toma una media hora y exige buenos pulmones, pero recompensa con creces cada paso.
GEl mayor peligro son las crecidas del río, que en época de lluvias dejan el pueblo incomunicado durante varios días.
HLo primero es elegir bien la fecha, porque no es lo mismo llegar en enero que en plena Semana Santa.
Tarea 4
A text with fourteen gaps (23 to 36), each filled by choosing a, b or c.
One text with fourteen gaps, numbered 23 to 36, and three options, a, b and c, for every gap.
La semana que nos buscaron un plomero
por Fidel Ledesma
Ahora, cuando alguien me [23] por aquel verano de 2012, no sé si reírme o quedarme callado, porque fue la única semana famosa que ha tenido mi pueblo. En El Sabino, un caserío de callejones polvosos donde no había [24] plomero en veinte kilómetros a la redonda, jamás ocurría nada digno de contarse. Por eso, cuando bajó de la capital un grupo de universitarios [25] salidos de la carrera de ingeniería, medio pueblo se asomó a las ventanas y los chamacos les seguimos los pasos por todas las calles.
Venían becados por la universidad para hacer su servicio social y probar un invento del que se hablaría durante años: una aplicación de celular que [26] en la propia universidad y que, según ellos, serviría para encontrar plomeros a cualquier hora. Al principio, [27] aquellos muchachos nos sonaba a puro cuento de la ciudad. Muy poca gente tenía celular en el rancho, y nosotros confiábamos [28] don Modesto, el único plomero del rumbo, mucho más que en cualquier pantalla.
La fila de vecinos frente a su taller era [29] larga que daba la vuelta entera a la plaza, y aun así él se daba su tiempo para platicar con cada quien. Don Modesto llevaba media vida metiendo las manos en las tuberías del pueblo y no pensaba dejar que un aparato le dijera cómo hacer su trabajo. Yo, que entonces tenía catorce años, estaba convencido de que aquellos jóvenes habían bajado a burlarse de nosotros: nos miraban, o al menos eso creía yo, como si [30] unos campesinos ignorantes a los que había que enseñarles a abrir una llave.
Cuando por fin recogieron sus cosas y se marcharon, don Modesto ya [31] su decisión, no usaría aquella aplicación, y no quiso volver a oír hablar del asunto. [32], esa misma semana se descompuso la bomba del pozo y medio pueblo se [33] sin agua durante cuatro días. No me parece que aquello [34] simple casualidad, y durante doce años les eché la culpa a los estudiantes de cuanto salió mal.
El año pasado volvió Zoe, una de aquellas becarias, ya convertida en profesora, y me aclaró la historia en una sola frase: fue el propio don Modesto quien les había escrito a la universidad para pedirles que vinieran. Doce años guardándoles rencor a quienes él mismo había invitado; así de terco puede llegar a ser uno. A veces me pregunto qué [35] de aquellos muchachos y de su invento, si alguno seguirá arreglando fugas con el celular en la mano. Porque don Modesto, orgulloso hasta el último día, nunca dejó de [36] a domicilio, con aplicación o sin ella.
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Apregunte
Bpreguntará
Cpreguntaanswer
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Aningúnanswer
Balgún
Ccualquier
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Areciénanswer
Btodavía
Caún
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Aprogramaba
Bse programabaanswer
Cse programaban
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Ael de
Blos de
Clo deanswer
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Aéramos
Bseríamos
Cfuéramosanswer
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Ahabía tomadoanswer
Btomó
Chabría tomado
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Aasí que
Bno obstante
Cencimaanswer
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Aera
Bhabía sido
Cfueraanswer
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Ahabrá sidoanswer
Bhabía sido
Chabría sido
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Aacudido
Bacudiranswer
Cacudiendo
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